13 feb. 2008

De Amor y otras cosas Tristes.





Cancion: Lonesome Town
Autor: Ricky Nelson



“El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos (...) y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.” --Eduardo Galeano—

Con esta buena frase me dispongo a presentarles un ensayo en conmemoración de este próximo 14 de febrero, el día mundialmente conocido como el día del amor (y para algunos ilusos de la amistad ja ja ja) si bien en otros países se celebra en otras fechas, todos concluimos e que el amor es algo digno de celebrarse de una u otra manera, y por ello lo celebro yo también a mi manera en la forma de este pequeño ensayo sobre el amor y sus consecuencias en nuestras vidas, espero que lo disfruten.

La cancion es una de mis favoritas de todos los tiempos, Lonesome town, escucharla me hace ponerme feliz pero nostalgico al mismo tiempo ja ja ja si esque acaso eso es posible, es una cancion simplemente maravillosa y me la dedico a mi mismo este 14 ^_^


Recuerden denle a leer el resto, advierto es un poco largo ja ja ja.




De Amor y cosas Tristes.
Un ensayo de Manuel Jesrrel Martinez Rivera


La naturaleza es simple, un hombre y una mujer por instinto se buscan para mantener la especie, pero nosotros, bendita humanidad, somos una criatura de naturaleza “antinatural”, concebimos y atesoramos cosas como el amor, la lealtad y la felicidad, cada una de estas facetas ligadas intrínsecamente al sistema de valores, tanto vivenciales como personales, con el que hemos llegado a ser las personas que somos, la razón no se entiende con ninguna de ellas, y sufre cada vez que lo intenta, pero la peor de todas ellas, en opinión de la razón, es el amor.

Ahora para comenzar, científicamente hablando, el proceso del enamoramiento tristemente carece de toda magia real, al encontrarnos con una persona deseada, nuestro organismo recibe una señal que no tarda en manifestarse en reacciones corporales. El hipotálamo, a través del sistema nervioso, emite mensajes que captados por las glándulas suprarrenales, las cuales inmediatamente segregarán una mayor cantidad de adrenalina y noradrenalina, estos, a grandes rasgos, son neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas, este intercambio químico es lo que provoca la mítica sensación de mariposas en el estomago. Consecuentemente, el corazón comenzará a latir con una mayor velocidad, unas 130 pulsaciones por minuto, aumenta la presión arterial, se liberan grasas y azúcares que aumenta la capacidad muscular, y se produce una cantidad  mayor de glóbulos rojos con el objeto de mejorar el transporte de oxígeno a través del torrente sanguíneo, de ahí que muchos tienden a mejorar su rendimiento físico cuando están enamorados.

Comienza entonces la liberación de un coctel de químicos en nuestro cerebro que nos lanzan literalmente a la luna, esencialmente la feniletilamina juega un papel importante en este coctel, esta es un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas y es responsable de muchos síntomas del enamoramiento como lo son la vigilia, la excitación, taquicardias, enrojecimientos, e insomnio, esta hormona puede liberarla incluso el cruzar de las miradas o un simple rose de manos, o si ya nos ponemos muy solitarios la ingesta de mucho chocolate, de ahí que sea el dulce predilecto del enamorado y también del despechado. Luego vienen otra combinación mas de hormonas, estas son la dopamina (la hormona de la felicidad), la norepinefrina (la hormona de la motivación) y la oxitocina (la hormona del impulso sexual).

Así, el idilio, conceptual y mágico amor, se da por los efectos de este coctel químico, dándonos la sensación de 'estar enamorado', los días parecen más brillantes y todo parece tener un lado bueno (gracias a la dopamina), el futuro se ve brillante y sientes que puedes realizar lo que sea y la motivación para hacerlo (gracias a la norepinefrina) y sientes que la persona de quien te enamoras es la más maravillosa y hermosa del planeta sin importar si realmente lo es, eso sin contar que  tu cuerpo se predispone biológicamente para la reproducción (gracias a la oxitocina). Si, explicándolo así la verdad no se ve nada maravilloso, pero eso no quiere decir que no lo sea, como dije somos criaturas antinaturales y el amor es una fuerza que nos sobrepasa más allá de cualquiera de nuestras explicaciones lógicas.

El amor es algo que llega sin avisar siquiera, un día el mundo es normal, y de repente sucede, al siguiente día, sientes dolores en el estomago y tu apetito desaparece, piensas que a lo mejor comiste algo que te sentó mal, esa noche no puedes dormir, la razón sigue sin poder discernir la causa del problema, la mañana siguiente todo es más claro, en medio del desvelo te das cuenta, estas jodidamente enamorado (a), así comienza un viaje, que para algunos fructifica en alegrías y planes de vida, para otros, de igual manera,  en un sinfín de penurias y agonías, sea cual sea el desenlace, una cosa es cierta, quien es víctima del amor, está destinado a llorar, a sacrificar y a cambiar.


Algunos psicólogos dicen que el amor es un estado de locura transitoria y que por lo mismo debería ser tratada como una enfermedad mental más, pero realmente pocos van a consulta cuando se encuentran enamorados, ya que todos quisiéramos estar en ese estado indefinidamente, pues un mundo nuevo se presenta ante nuestros ojos, el amor nos atrapa, nos ciega, la vida se llena de significado, de sueños, y de pasiones. La vida se percibe con una intensidad antes desconocida, locos de amor, embriagados por un instante en este infinito tiempo dándole significado a todos nuestros actos, a nuestra individualidad ahora invadida.

Sin darnos cuenta, desaparecemos en la existencia del Otro impregnados por un sentimiento, que en términos reales, resulta inalcanzable. Nos proyectamos en una experiencia de tintes etéreos plenamente palpables para nosotros, en los que nos vemos sumidos en una ilusión de verdadera felicidad. Así la energía de toda nuestra vida se dirige exclusivamente, en los primeros momentos del enamoramiento, hacia la persona amada. Las demás partes de nuestra vida sólo tienen sentido cuando se relacionan con nuestro amor. De mala manera muchas veces, el trabajo, el estudio, los amigos, dejan de tener importancia si no poseemos lo que más deseamos.

El  amor es entonces una moneda de dos caras, queramos o no, en nosotros se presentan fenómenos que se repiten en cada enamoramiento, aunque generalmente pensamos que solo nosotros nos sentimos así, el primero es la sobreestimación de la persona amada y el segundo, el empobrecimiento de nuestro propio yo. Sólo hay que escuchar a un enamorado (o recordar cuando nos paso a nosotros) para darse cuenta de que la percepción de la realidad queda muchas veces distorsionada por la imagen ideal que el enamorado proyecta en su amada o amado. Respecto al Yo, ¿dónde quedo yo ante una persona tan magnífica, tan ideal? Normalmente a un nivel mucho inferior. El enamorado termina por encontrarse a la disposición del otro, sumiso a su voluntad, pendiente de sus movimientos. No por casualidad Sigmund Freud comparó el enamoramiento con la hipnosis, terminamos con toda nuestra energía de vida focalizada en un solo punto. Pero, ¿Y si de repente el objeto de nuestro amor desaparece, nos abandona, nos deja? Pues llega el sufrimiento.

Esta  cara de la moneda, es tan natural como la primera, cuando el corazón se da cuenta que no hay cabida a sus anhelos, y la razón tiene que lidiar con ello, pobre de ella, debe ser su labor convencer al corazón que olvide y continúe, y es ahí donde radica una de las más crueles batallas que alguien debe librar en su vida, de toda la ordalía salimos irremediablemente transformados, algunos para bien otros para mal, quienes lo superan de mala manera se transforman en seres que solo son capaces de repartir a otros su dolor, se vuelven personas radioactivas, emocionalmente hablando, temerosas o incapaces de amar de nuevo. Quienes lo superan de la mejor manera, se sienten tristes pero contentos de haber conocido aquello que llamamos amor, consientes de que tal vez no vuelvan a sentir algo así en su vida, pero listos y esperanzados en volver a hacerlo, en lanzarse de nuevo a la espiral de emociones e infinitas cuestiones, a veces y en el mejor de los casos, simplemente nos damos cuenta que la otra persona no es lo que buscamos ni lo que necesitamos, sea como sea, nunca es fácil ni rápido y siempre dependerá de nosotros superarlo de mejor manera.

Desde un punto de vista idealista, y en mi opinión, digo que quien no sacrifica pate de su vida, quien no piensa como dos en vez de uno, nunca a conocido lo que es el amor, quien no ha llorado solo con la almohada, quien no ha pasado noches en vela, quien no ha buscado la felicidad de otro antes que la suya, no conoce el amor, podrá sonar a sacrificio, pero por desgracia, para nada de esto se tiene elección, quien está enamorado está destinado a hacer esto y más, pendejos nos llaman algunos, al fin solo aquel que lo ha sentido en carne propia comprende el exilio del enamorado, postrado y perdido en el mar del mañana y la esperanza, volando entre sueños y emociones desbordadas.  

Ahora, desde el punto de vista realista, llega un momento en que tenemos que llegar a tocar el suelo otra vez, un momento de recordar que no somos más que simples humanos viviendo su tan característica locura, ya sea porque todo salió a pedir de boca, y las emociones desbordantes de un inicio son sustituidas por un cariño que va de la mano con la razón, donde la otra persona es eso, una persona y no un ideal inexistente, o bien, porque todo salió mal y el corazón termina maltrecho, desdichado y sufriendo aferrado a sentimientos que se niega a dejar ir.

Pero, ¿Por qué duele tanto el abandono? Pues, podría decirse que es porque proyectamos inconscientemente, o muchas veces totalmente consientes de ello, un futuro ideal junto a la persona amada. Imaginamos una vida muchas veces fantástica junto a aquel o aquella que nos proporcionará algo cercano a la felicidad. El amado o la amada, ha sido asimilado por una gran parte de nuestro propio Yo. Perder al amado es perder una parte de nosotros mismos, y  la energía que antes depositábamos en un solo punto, ahora queda sin un propósito, y con la misma intensidad que sustentaba al amor, se convierte en dolor y angustia.

Aun con todo eso, amar es algo que vale la pena sin lugar a duda, los días sin amor se pierden en el tiempo, en la apatía de un mundo incoloro, en la intranscendencia de la continua existencia, en la cordura asfixiante de un mundo sin magia, en la racionalidad permanentemente inamovible de lo estático y constante. En  conclusión puedo decir que es dichoso aquel que ha amado, pues suya es o fue la energía de aquello que nos hace ser más y que nos hace trascender los ecos de una humanidad seca y vacía.